“La mano junto al muro”
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| Foto: Cristina Gutiérrez. |
Guillermo Meneses, escritor e influyente de la narrativa
venezolana vanguardista, nos adentra en un mundo oscuro lleno de metáforas, en
una vida desabrida y fría en la que una mujer se dedica a la prostitución. Un relato sumergido en el pasado y en el presente. El
autor nunca nos da detalles de los personajes, solo nos hace sentir sus
presencias y lo que ellos vivían en su historia.
El cuento se desarrolla en un prostíbulo, ubicado a orillas
del mar, en lo que anteriormente fue un castillo, pero luego de ser tomado por
mercaderes solo era un lugar abandonado y deteriorado en el que muchas mujeres
vendían sus besos, caricias o sexo por algunas monedas. Este cuento es protagonizado
por una mujer que se la pasaba tamborileando su mano sobre un muro, el cual es
el punto de inicio y final del cuento, porque ese muro representaba un camino
lleno de historias. Vivía en el mejor de los 30 calabozos que existían en su
piso, porque poseía su vista al mar y el fonógrafo. Fue asesinada con un puñal
junto al muro, delante de los tres marineros que la frecuentaban, o tal vez dos.
Su cuerpo cayó sobre su propio pozo de sangre.
En el transcurso de la lectura,
se genera en el espectador el deseo de seguir leyendo y revelar cómo termina y
se empata con el principio este cuento. La mano junto al muro rompe con los
esquemas lineales de los relatos de aquella época. La circularidad de este
texto hace que el lector cada vez esté más atento. Nos da un paseo por un
tiempo sin aprendizaje enfrascado en su infortunio. El narrador en sus
distintas formas, nos crea la duda de si fueron dos o tres marineros, lo que al
final no toma tanta importancia porque lo que sí está claro es que cometieron
un asesinato.

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